Clausura de Lilián Cámera, más allá de la connotación claustro-religiosa de su título, es —paradójicamente— un libro inaugural.
Haciendo base en la historia de la poesía, no mide riesgos al utilizar el tecno, el pop, lo bizarro, los géneros y subgéneros (ciencia ficción, terror o clase B).
Todo recurso vale para acechar al lector-presa.
Como un breviario de obsesiones, apela a los más variados recursos (caligramas, formas barrocas, neologismos, epigramas) para cercar eso que retorna y huye, lo que insiste o
se retira: el íncubo, la mutación, el monstruo, lo violatorio; tal vez la poesía misma.
Entre un erotismo dolido, festivo o blasfemo, la palabra cobra una velocidad cinematográfica, vertiginosa como la escritura de la autora.
Vemos en Clausura entonces, el goticismo en tono de pérdida (pliegue), la ciencia ficción reelaborada a través de la poética de la autora (saga), las marcas de la infancia, eso que insiste (repliegue), las huellas y los dilemas del cuerpo (corpus), y el éxtasis ambiguo de las visiones religiosas (dies irae).
Imágenes ominosas —hombres de negro, estanques— o la transmutación de los roles entre víctima y victimario, son algunas de las claves del libro-monstruo.
Rito de brujas. Celebración lunar.
Invitados a jugar la dialéctica de la presa y el cazador.
Autora y lector, reunidos en la bacanal.
Aquelarre verbal de la poesía.
Javier Galarza
CONTRATAPA DE CLAUSURA, EDICIONES DEL DOCK, JULIO 2008
Haciendo base en la historia de la poesía, no mide riesgos al utilizar el tecno, el pop, lo bizarro, los géneros y subgéneros (ciencia ficción, terror o clase B).
Todo recurso vale para acechar al lector-presa.
Como un breviario de obsesiones, apela a los más variados recursos (caligramas, formas barrocas, neologismos, epigramas) para cercar eso que retorna y huye, lo que insiste o
se retira: el íncubo, la mutación, el monstruo, lo violatorio; tal vez la poesía misma.
Entre un erotismo dolido, festivo o blasfemo, la palabra cobra una velocidad cinematográfica, vertiginosa como la escritura de la autora.
Vemos en Clausura entonces, el goticismo en tono de pérdida (pliegue), la ciencia ficción reelaborada a través de la poética de la autora (saga), las marcas de la infancia, eso que insiste (repliegue), las huellas y los dilemas del cuerpo (corpus), y el éxtasis ambiguo de las visiones religiosas (dies irae).
Imágenes ominosas —hombres de negro, estanques— o la transmutación de los roles entre víctima y victimario, son algunas de las claves del libro-monstruo.
Rito de brujas. Celebración lunar.
Invitados a jugar la dialéctica de la presa y el cazador.
Autora y lector, reunidos en la bacanal.
Aquelarre verbal de la poesía.
Javier Galarza
CONTRATAPA DE CLAUSURA, EDICIONES DEL DOCK, JULIO 2008





